5 pasos para un apego saludable

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1- Entiende las señales de tu niño y su forma de comunicarse

Es cierto que cada bebé tiene su propia forma de expresarse, pero muchas de las señales visuales que utiliza son universales.

Cuando el bebé gira la cabeza hacia el pecho materno o se chupa las manitas, eso generalmente indica que es hora de amamantarlo, darle el biberón o consolarlo dándole el chupón. Cuando arquea la espalda, significa que se siente incómodo o irritado por un exceso de estímulos externos. Si frunce el ceño, podría indicar que hay demasiada luz o está preocupado.

El llanto, sin embargo, es una de esas señales que podrían indicar muchas cosas diferentes —y cuando el bebé llora a todo pulmón suele ser muy frustrante para sus padres. Si logras mantener la calma, verifica mentalmente los posibles significados del desconsuelo de tu pequeño: “Estoy cansado”, “Cámbiame el pañal”, “Aliméntame”, “No me siento bien, mami”.
2- Crea una base de seguridad y confianza para tu bebé

A medida que aprendes a identificar y responder a las señales de tu bebé, y él empieza a sentirse seguro de que sus necesidades básicas son atendidas y su entorno es seguro —lo cual es esencial para que se cree un apego saludable— puedes ayudar a tu bebé a acostumbrarse a los cambios, ayudándole a desarrollar su propia capacidad de adaptación y autoconsuelo.

Estas dos capacidades —adaptarse y consolarse o conformarse— empiezan a desarrollarse cuando tu hijo aún está en el vientre materno, pero se hacen más evidentes durante su primer mes de vida. Ambas son importantes para formar la base de seguridad y confianza que necesita un bebé.
3- Responde a sus necesidades

Cada vez que interactúas con tu bebé, tienes una nueva oportunidad de fomentar el apego. Aunque ningún padre logra crear ese vínculo en toda ocasión, el objetivo es establecer un patrón constante.

Los padres que aceptan y dan validez a las necesidades emocionales de sus niños les comunican un mensaje muy importante: “Tus sentimientos sí cuentan, te cuidaremos bien y tendrás una base confiable y segura para empezar a explorar el mundo”. Una forma de dar validez a las emociones de un niño es reconocer verbalmente la incomodidad, la estimulación o lo que pueda estar sintiendo el niño. Recuerda que tu niño es capaz de percibir tus intenciones aunque no comprenda tus palabras.
4- Acarícialo, abrázalo, ríete y juega con él

Algunos padres piensan que si cargan demasiado a sus bebés o los tienen constantemente en brazos los malcriarán. Sin embargo, como el cerebro y el cuerpo de un bebé son todavía inmaduros, un recién nacido no tiene la capacidad de ser independiente y necesita tus caricias y tu apoyo.

En las últimas décadas se ha demostrado que los niños que reciben atención positiva, cálida y constante, y cuidados adecuados a su etapa de desarrollo, tienen ventajas considerables de por vida en cuanto a su salud física, mental, social y emocional.
5-Cuida de tu propio bienestar físico y emocional

Con tanto empeño en entender a tu bebé y responder a sus necesidades, es fácil que te olvides de las tuyas propias ¡pero son igualmente importantes! Después de dar a luz, puede que sientas como si un fuerte huracán hubiese pasado por tu cuerpo y es esencial que te cuides, alimentándote bien, saliendo a pasear y caminando y descansando todo lo que puedas.

No es raro que con el primer bebé los padres se sientan abrumados por el estrés, la fatiga y la irritabilidad, y sientan deseos de alejarse de su pareja —y del resto del mundo. La depresión posparto, la ansiedad y otras alteraciones del humor también son muy comunes. Todos estos cambios pueden tener un fuerte impacto en la habilidad de crear un apego saludable con tu bebé.